El Ministerio Pop

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Desde el primer capítulo, El Ministerio del Tiempo ha creado una bola de nieve de atención en las redes y fuera de ellas. La sorpresa del éxito ha sido muy amplia debido al género: aventuras de corte fantástico. No es lo más habitual en una producción española.

A mí me ha llamado particularmente la atención una de las características de su éxito, y es la capa histórica y cultural. ¿Cómo es posible que una serie que ni es histórica ni pretende pedagogía, logre en España que personajes históricos habitualmente coñazos sean Trending Topic o cuadrupliquen las visitas de sus entradas de Wikipedia tras la emisión -y hablamos de un target amplio pero con mucha gente joven-? ¿O que profesores de secundaria estén adoptando la metáfora de la serie (el ministerio y las puertas) para introducir la historia a sus alumnos?

Ahí entra el componente pop de la serie. El Ministerio del Tiempo entrelaza mil y una referencias culturales. No da un trato distintivo a la historia. En este país la historia ha sido durante tanto tiempo sinónimo de garrote político o ideológico que muchos han asumido que no sirve para otra cosa que para bronca, algo que la ha hecho ajena para las últimas generaciones (en las que flota la vaga idea de que empieza a partir de la Guerra Civil).

Unos pocos sostienen -de ambos lados de la cuerda- que así es también en este caso, prueba de lo difícil que es ver la historia de otra manera. Pero para la mayoría, medios de amplio espectro ideológico incluidos, El Ministerio del Tiempo pasea por la historia indiferente y en ocasiones burlona de esos tabúes. Evidentemente todo se cuenta desde el prisma personal de sus creadores, pero la serie es sincera en su vocación de entretener y emocionar.

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El Ministerio del Tiempo no pretende enseñar historia, y quizá por eso la ha vuelto tan interesante. Es un atrezzo sugerente para la narración dramática. En ocasiones nos hace sentir el atrezzo, pero nos invita a conocerlo afuera. Es algo de lo que deberían tomar nota muchos creadores que acostumbran demasiado de dirigirse al mismo target con ceguera y paternalismo. El éxito de esta serie y el efecto que está generando demuestran que no hace ninguna falta.

El arranque de Windows 10 en un ordenador de gama baja

He instalado por curiosidad la preview técnica de Windows 10 (se puede descargar gratuitamente) y he de decir que estoy bastante contento con cómo han aligerado el escritorio, algo que agradece el equipo en el que lo estoy usando. Pero en particular estoy sorprendido con el refinamiento del proceso de arranque. El tiempo desde el encendido hasta que se puede hacer uso del sistema es mínimo.

Parafraseando a cierto monologuista español: no lo digo, lo hago

Gingko, alternativa gratuita a Scrivener

Mi colega Juan Luis me ha descubierto una herramienta alucinante. Gingko es una aplicación online de organización y edición de textos que, en mi opinión, supone una excelente alternativa a Scrivener para quienes escriben ficción literaria. No es -ni intenta ser- tan completo como Scrivener, pero creo que esencialmente tiene lo muchos necesitan de él, además de acceso online que brilla por su ausencia en el primero, y que incluye la posibilidad de que varios colaboren en un mismo documento.

Para un vistazo más completo recomiendo leer el artículo de JL y la página oficial de Gingko, aunque para comentar sus posibilidades de creación literaria he grabado un vídeo abordándolo por encima tanto para quellos que vengan de Scrivener como para los que no.

De piratería y consumo responsable

Hace poco Javer Marías publicó su enésimo artículo condenatorio de la piratería cultural -en el que él mismo expresa su hastío de escribirlos-. En él manifesta su incompresión porque en las nuevas generaciones esté arraigada la piratería y el todo gratis, cuando desde su niñez tuvo en cuenta el agradecimiento a los autores al comprar sus obras.

Esta idea en realidad está en boca de mucha gente. A la hora de explicarlo, sin embargo, se suele aludir rápidamente a una perfidia del consumidor, a una pérdida de valores en la sociedad ante la cual la industria cultural está indefensa.

Me gustaría presentar otro punto de vista que aborda, no toda, pero sí una parte importante de la cuestión. En mi opinión hoy en día sucede algo que no ocurría -u ocurría mucho menos- en la generación de Marías.

Llega la Navidad. Lo sabemos, entre otras cosas, por las carretadas inmensas de publicidad que intenta usar los cerebros de los niños como caballo de Troya para que sus padres aligeren sus carteras, y de paso criar a un futuro consumidor. La cantidad de publicidad a la que es expuesta una persona desde su niñez es sencillamente desproporcionada hoy en día, por no decir inmoral. No hay nada de formación de consumo responsable ahí.

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Cuando se critica la piratería cultural, el autor aparece en primer plano, y se cuenta su historia personal y sus miserias. Pero cuando se trata de vender, el autor no aparece por ninguna parte. Lo que aparecen son las estrategias de marketing, el cómpralo ya, el no te lo puedes perder, el no seas el último. Se lanzan novelas al mercado -por ejemplo-, como pastillas de jabón salidas de una cadena de montaje en la cual el autor es como mucho una marca impersonal. En resumen, se busca una compra impulsiva e irracional sin límite que absorba cuanta más producción, mejor.

Así las cosas, me parece más preciso que el todo gratis decir que hay gente que quiere determinados productos a toda costa. Y es un matiz importante, porque sin él no llegamos a esta pregunta: ¿no es un poco cínico esperar consumo responsable cuando se busca a un consumidor lo más adicto e irracional posible?

La agonía del mañana

El 20 de julio de 1969 un ser humano dejó la huella de su bota en la Luna. Se esperaba que aquello fuera el comienzo de la emancipación de la humanidad; nuevas diligencias recorriendo desiertos hostiles para fundar pueblos con las semillas de nuestras gentes, historias y culturas.

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Ambition – Corto de ciencia ficción

Durante mucho tiempo se ha criticado la escasa ambición (guiño, guiño) de la Agencia Espacial Europea a la hora de publicitar sus misiones. Mientras la NASA publicaba auténticos trailers hollywoodienses con los que generar publicidad y expectación, y estimular la idea de la exploración espacial entre los jóvenes, la ESA, si acaso, racaneaba el material gráfico de sus sondas.

Escasas semanas antes del aterrizaje de una pequeña sonda de la misión Rosseta en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko (por primera vez nos posamos en un cometa, si todo va bien), la ESA ha sorprendido a propios y extraños financiando un corto de ciencia ficción de excelente factura, protagonizado por Aiden Gillen (Juego de tronos) y Aisling Franciosi (La caza).

El corto se llama Ambition, y aunque alude directamente a la misión Rosseta la ESA afirma reivindicar el espíritu de la exploración espacial. El título ya es una declaración de intenciones. De momento está en inglés, pero lo repondré en la entrada cuando aparezca subtitulado en castellano.