Qué me hizo pasar definitivamente a Firefox

Es una suerte que en estos tiempos dispongamos de Firefox, un navegador independiente y técnicamente entre los punteros. Con todo, cuando hemos estado acostumbrados a Chrome, el cambio de hábito puede hacerse cuesta arriba. Sin embargo, una extensión (oficial de Mozilla) lo ha convertido en mi navegador habitual desde hace varios meses: Multi-Account Containers.

Básicamente permite tener varias pestañas de diferentes sesiones en la misma ventana del navegador. Creamos sesiones a las que asignamos un nombre y color (trabajo, redes sociales, lo que se quiera) y abrimos las webs que queramos en cada sesión, pero en la misma ventana. Sabremos en qué sesión está cada pestaña porque estará resaltada con el color que le hayamos asignado. Incluso podemos obligar a que una determinada página se abra siempre en una determinada sesión: por ejemplo, que Facebook se abra siempre en la sesión “Redes sociales” donde no podrá acceder a las cookies u otros datos de las demás sesiones.

Esto lo he combinado con la disponibilidad permanente de pestañas fijas de la que hablé en una iteración anterior de este blog. Básicamente abro Firefox con un montón de pestañas ancladas, pero sin que ralentice el equipo, puesto que realmente esas pestañas no están abiertas hasta que pulso en ellas:

Puedo tener siempre todas las pestañas y sesiones que use normalmente, juntas (pero diferenciadas) en la misma ventana

Para conseguir que las pestañas se abran a demanda basta con entrar en “about:config” en Firefox (se escribe en la barra de direcciones), buscar “pinned” y hacer doble click al segundo resultado (se marcará como “true”).

La combinación entre los contenedores de pestañas y su apertura a demanda ha hecho que para mí Firefox tenga un potencial y una versatilidad que no puedo encontrar en Chrome ni en ningún otro navegador.

Por supuesto, cada cual tiene sus necesidades y preferencias, pero desde aquí os animo encarecidamente a probar esta configuración.

“Dune” de Frank Herbert

Transcripción:

Retrocedamos a final de los años 50. Herbert, que por entonces era periodista, vuela a Oregón para escribir acerca de cómo el departamento de agricultura de los Estados Unidos intenta detener el perenne avance de las dunas plantando poáceas europeas. Durante la escritura del artículo, la mente del incipiente escritor de ciencia ficción que era por entonces no paró de atormentarlo con tentadoras preguntas: ¿Cómo sería un planeta que fuera entermanete desértico? ¿Cómo sería una sociedad en la que escaseara tanto el agua? ¿Qué creencias tendría un pueblo así? Este fue el origen de una de las historias de ciencia ficción más influyentes de la historia.

Arrakis, un planeta desértico donde el agua es el bien más preciado, donde llorar a los muertos es el simbolo de la máxima prodigalidad. Paul Atreides, un adolecente marcado por un destino singular, con extraños poderes, abocado a convertirse en dictador, mesías, martir. Los Harkonnen, la personificación de las intrigas que ordean al imperio y que busca el control de Arrakis. Los fremen, seres libres que han convertido el inhóspito paisaje de Arrakis en su hogar. Orgullosos de su pasado y temerosos de su futuro.

Lo detallado del universo en el que transcurre la historia hizo que en su momento se le considerara El Señor de los Anillos de la ciencia ficción. En particular, la profundidad de la cultura fremen, la relación entre el entorno y sus creencias, cautivaron a los lectores durante décadas hasta el punto de que en su momento llegaron a preguntar a Frank Herbert si estaba intentando crear algún tipo de culto.

Son muchos los temas que Herbert ha compactado en este libro: política, religión, ecología, historia, cultura… Hay alegorías que ya resonaban en la época en que se publicó y que siguen resonando ahora, como la escasez de los recursos naturales o el peligro de los líderes carismáticos. Esta atención a las humanidades logró que Dune fuera muy bien recibida fuera de los círculos habituales de la ciencia ficción, y también es responsable de que haya envejecido razonablemente bien. No tan bien lo ha hecho la edición española, a la que una nueva traducción y corrección le vendría más que bien.

Dune, de Frank Herbert, traducido por Domingo Santos y publicado por DeBolsillo. Un saludo y hasta el próximo libro.

The Sea

Flocking to the sea
Crowds of people wait for me
Sea gulls scavenge
Steal ice cream
Worries vanish
Within my dream
I left my soul there
Down by the sea
I lost control here
Living free
I left my soul there
Down by the sea
I lost control here
Living free
Fishing boats sail past the shore
No singing may-day any more
The sun is shining
The water’s clear
Just you and I walk along the pier
I left my soul there
Down by the sea
I lost control here
Living free
I left my soul there
Down by the sea
I lost control here
Living free
A cool breeze flows but mind the wasp
Some get stung it’s worth the cost
I’d love to stay
The city calls me home
More hassles fuss and lies on the phone
I left my soul there
Down by the sea
I lost control here
Living free
I left my soul there
Down by the sea
I lost control here
Living free
I left my soul there
Down by the sea
I lost control here
Living
Living
And I, living
By the sea

“El antropólogo inocente” de Nigel Barley

Transcripción:

Nigel Barley es hoy doctor de antropología por la universidad de Oxford, pero cuando no era mucho más que un estudiante empapado en la teoría del trabajo de campo, decidió poner sus conocimientos en práctica. La misión: estudiar in situ a la tribu camerunesa de los Dowayos. Después de dos años, sífilis, clamidia, gonorrea, dos dientes menos y 18 kilos menos también, Barley ingresaría en el museo británico en cuyo departamento publicaría este libro a modo de curiosidad. Sin embargo, fue tal el revuelo que causó, que Penguin lo publicaría en formato de bolsillo más tarde con notable éxito.

Este libro nos acerca a la antropología y a la práctica del trabajo de campo, que como el propio Barley descubre en su aventura, puede llegar a diferir mucho de la teoría. Pero sobre todo este es un libro inmensamente divertido: todas las penurias y dificultades que sufre Barley intentando entenderse con los Dowayos, están cubiertas por una capa de pura hilaridad inglesa. Olviden cualquier idea preconcebida o romántica sobre la etnografía. Barley las hace trizas durante su relato.

Un texto divertido y accesible que hace mucho más familiar la antropología, borra todos su clichés y nos acerca a otra cultura al tiempo que vemos cómo otra cultura ve la nuestra.

El antropólogo inocente de Nigel Barley, traducido por Maria José Rodellar y publicado por Anagrama.

Fotos virtuales para un lugar virtual

En la anterior iteración del blog ya comenté que había abierto una página donde ir colgando las fotos de mis andanzas por el mundo del videojuego The Elders Scrolls V: Skyrim. Un mundo que no llega a los quince kilómetros cuadrados, pero que está tan vivo, tiene tantas varianzas en iluminación o clima, y el terreno tiene una singular mezcla de azar procedural y cuidadoso diseño, que uno se sorprende de que el aspecto de un mismo sitio nunca sea el mismo, por mucho que lo visite.

He seguido recopilando capturas que hago durante mis partidas que podéis ver pulsando la muestra inferior:

Screenshot-2017-10-4 Walking throught Tamriel.jpg

Segunda temporada de Breveseñas

Además de una nueva iteración de esta bitácora, a la vuelta de las vacaciones he empezado la segunda temporada de mi humilde canal de youtube dedicado a las reseñas breves de libros. En este caso comento la que fue la primera novela de George R. R. Martin: Muerte de la luz.

Como en nombre del canal avisa, no os voy a quitar mucho tiempo.

Transcripción:

Hola amigos, me llamo Moisés Cabello y hoy les traigo un libro de ficción, La Muerte de la luz de George RR Martin.

Martin es mundialmente conocido en estos tiempos por la serie de televisión de Juego de Tronos, adaptación de sus novelas de fantasía más emblemáticas. Lo que no es tan conocido es que Martin también escribe ciencia ficción, de hecho empezó publicando ciencia ficción. Remontémonos cuarenta años atrás, cuando Martin vio publicada su primera novela, Dying of the light, La muerte de la luz.

Worlon es un planeta en órbita errante que en un tiempo albergó una gran feria de culturas. Ahora está sumergido en un estado de abandono del que nadie se preocupa, pues está cerca de su inexorable muerte alejándose cada año un poco más de la estrella que le dio vida. Un hombre llamado Dirk Tlarien, acude a Worlon para cumplir con una vieja promesa de amor a Gwen Delvano. Es aquí donde comienza todo, ya que los pocos habitantes que quedan en el planeta provienen de istintas culturas que acabarán chocando recíprocamente, entre las cuales la kavalar es la predominante.

En esta primera novela de Martin se notan ecos de Ursula K. Le Guin, Frank Herbert e incluso se pueden vislumbrar precedentes de algunas culturas de Poniente. La muerte de la luz es varias cosas. Es una novela de aventuras, de personajes, de sus relaciones y sus maneras de ver el mundo. Es una novela de descubrimiento, de otras culturas y otras sociedades y de ver la de uno a través de los ojos de otro. También es una novela de melancolía, de obcecación por intentar mantener unas culturas y unas tradiciones en un mundo que se acaba, y de intentar recuperar amores pasados.

Este es un libro que recoge muchos de los temas que la ciencia ficción ha tratado por separado en otras novelas, y tiene un enfoque y una ambición bastante notables para tratarse de una primera novela. También es verdad que ambición e inexperiencia juegan en contra del autor en la segunda mitad, en la que la trama se dispersa diría que demasiado. Pero con sus defectos creo que merece el título de clásico de la ciencia ficción. Por su carácter más centrado en lo social que en la ciencia ficción dura, creo que en estos cuarenta años la novela ha envejecido realmente bien y que sigue siendo una lectura recomendable.

La muerte de la luz, de George RR Martin, traducido por Carlos Gardini y publicado por Gigamesh. Un saludo y hasta el próximo libro.