La complicada relación entre Dune y el cine

En 1965 se publicó una novela que aún hoy se considera una de las mejores historias de ciencia ficción. El -entonces desconocido- autor Frank Herbert parió una obra ganadora del premio Hugo. Dune no hablaba de tecnología, astrofísica o inteligencia artificial como muchas de sus contemporáneas; centraba su atención en el potencial del ser humano, en las complicadas relaciones de la religión y la política, en la figura del líder y algo más inesperado: la ecología. Las descripciones de un nuevo mundo y sus habitantes cautivaron la imaginación de millones de lectores pese a sus también criticadas carencias literarias.

Fue cuestión de tiempo que la cantidad de fans de Dune llamara la atención de Hollywood. Las adaptaciones de grandes éxitos de la ciencia ficción tenían muchas posibilidades de arrasar en taquilla y además Dune tenía secuelas en camino. La pregunta no era si, sino cuándo.

LOS QUE SE PERDIERON ENTRE LAS DUNAS

Primer intento

Lawrence AtreidesArthur P. Jacobs fue el primer productor en ser seducido por las arenas de Dune. A través de su productora Apjac International, compró los derechos en verano de 1971 mientras estaba ocupado con la serie de películas de El Planeta de los Simios. Tuvo buen ojo al escoger al director y al guionista de la película, David Lean y Robert Bolt respectivamente, pues ambos trabajaron en otro film con el que Dune guarda notables paralelismos, Lawrence de Arabia.

Tras algunos retrasos todo fue dispuesto para comenzar el rodaje en 1974 con un presupuesto de quince millones de dólares (unos ochenta millones actuales). Por desgracia, Jacobs murió de un ataque al corazón en junio de 1973. Tenía 51 años. Los derechos caducaban al año siguiente y Apjac International se vio en una encrucijada.

Segundo intento

Esta historia del Dune que pudo ser es sin duda la más conocida por lo extravagante y desmesurado de la aventura. Según cuenta el conocido director y guionista de cómics Alejandro Jodorowsky, todo comenzó “cuando la divinidad tuvo a bien susurrarme en un sueño lúcido que mi próxima película debía ser Dune”. Aún no había leído el libro cuando tomó aquella decisión. Tan pronto abrió la librería más cercana y se hizo con un ejemplar, lo leyó de una sentada. Poco después recibió la llamada de Michel Seydoux, un millonario francés de veintiséis años cuya productora Camera One distribuyó el anterior trabajo de Jodorowsky. “Quiero producir una película contigo”, dijo el chico. Aquellas palabras sonaron como música en los oídos del director, quien no ocultó que sería una producción internacional para cubrir los diez millones de dólares de presupuesto que preveía.

Seydoux no se impresionó. Antes al contrario, Camera One compró en 1974 los derechos de Dune a Apjac Internacional -entonces en manos de la viuda de Jacobs- y prometió a Jodorowsky un amplio respaldo económico y recursos ilimitados.

Dune Jodorowsky poster

Alejandro Jodorowsky iba a dirigir una versión de la obra de Herbert cuyo guión sobrepasaba las trece horas de duración. “Era grueso como una guía telefónica”, comentó el autor del libro en una ocasión. Contaba con los diseños de Chris Foss y H.R. Giger, pero la mayor parte del trabajo caería en las talentosas manos de Jean Giraud Moebius (se consideró también al dibujante de cómics Philippe Druillet, pero parece que fue espantado por las excentricidades del director). Para el reparto sonaban nombres como Orson Welles, Gloria Swanson, David Carradine, Geraldine Chaplin o Mick Jagger. Y para el personaje del emperador, nada menos que Dalí, quien exigió un trono en formato retrete de oro -era importante que separara las heces de la orina-, no leer el guión sino improvisar y cien mil dólares la hora. Jodorowsky aceptó esta exigencia a cambio de sacarle sólo durante sesenta minutos; para el resto inventó la figura de un arlequín mecánico controlado por el emperador. En el apartado musical contaban nada menos que con Pink Floyd.

La película -pese a la duración siempre se le dio el tratamiento de película-, llegó a recibir alrededor de tres mil ilustraciones de Moebius que recorrían el guión de principio a fin, en una larga y costosa preproducción. Para los efectos especiales Jodorowsky quiso contar con el efectista de Odisea 2001, Douglas Trumbull, al que posteriormente rechazó “por caro y arrogante”. Una noche acudió a un modesto festival de ciencia ficción en Los Ángeles y se encaprichó de una película rodada sin apenas medios titulada Dark Star. Contactó con el artífice de los efectos especiales, un joven llamado Dan O’Bannon -que también participaba como actor-. O’Bannon se impresionó profundamente cuando Jodorowsky le ofreció encargarse de los efectos visuales de una producción millonaria como Dune.

Los personajes principales de Dune, según Moebius
Los personajes principales de Dune, según Moebius

Se trataba sin duda de un proyecto ambicioso. Jodorowsky llega a afirmar que planeó Dune como “la película más importante de la historia de la humanidad“, que buscaba “recrear los efectos del LSD en el público” y que esperaba que la propia obra fuera “un profeta que expanda la conciencia de quienes la vean”.

A estas alturas es fácil prever que la fidelidad no iba a ser el punto fuerte de esta adaptación. Jodorowsky parecía buscar en Dune un depositario ideal de sus inquietudes más que una novela de terceros que llevar a la pantalla. No tuvo reparos en afirmar que no quería adaptar el libro de Herbert, sino recrearlo. “Dune no es de Frank Herbet como Don Quijote no es de Cervantes”. Por citar algunas de las diferencias, la especia se mostraba como una droga azulada de textura esponjosa que contenía una suerte de vegetal consciente. El emperador era un loco que vivía rodeado de oro -en un planeta de oro- y el Duque Leto Atreides se convierte en un eunuco que preña a Lady Jessica con una gota de sangre. Más tarde acababa siendo torturado y descuartizado por los Harkonnen, quienes esparcen los restos por el desierto cerca de donde su mujer y su hijo se ocultan. Con los poderes Benne Gesserit de Lady Jessica, los fragmentos de su esposo vuelan sobre la arena y se unen para crear una nueva forma de vida, una especie de versión masculina de Alia. Jodorowsky no quería continuaciones, así que dejó el final bien atado: el planeta explota y expande la conciencia de los demás seres humanos. “Violé a Frank Herbert, pero con amor” reconoció con una sonrisa.

jodorowskys_dune_05Con dos millones de dólares (una cuarta parte del presupuesto total) gastados en la preproducción y un guión y pretensiones desorbitados, Michel Seydoux viajó a Hollywood en busca de financiación adicional y la garantía de un buen número de salas que pudieran exhibir la película. Ninguna de las reuniones fructiferó.

El proyecto murió huérfano de mecenazgo. El director no quiso hacer un drama de ello: afirmó que la mera preparación del proyecto cambió su vida y que durante la fase de preproducción realmente vio la película. Esta reacción contrasta con la abrupta muerte del entusiasmo del primerizo Dan O’ Bannon. El que iba a encargarse de los efectos visuales recibió la noticia de la cancelación a través de un telegrama cuando, ajeno a la debacle, se disponía a comprar equipo nuevo en EEUU. Había planeado los siguientes años de su vida en torno a esta película. El chasco lo llevó a ingresar en un psiquiátrico en el que escribiría doce guiones que fueron rechazados. El decimotercero sería Alien.

Jodorowsky achacó el fracaso a un sabotaje de Hollywood. Según él, pese a que allí nadie quiso producir su película, diseños de películas posteriores resultaron sospechosamente parecidos a los de Dune. Llega a citar como ejemplo a Star Wars. Años más tarde demandaría sin éxito a Luc Besson alegando que en El Quinto Elemento plagiaba los diseños conceptuales del cómic El Incal (donde Jodorowsky y Moebius reciclaron mucho del material que este último preparó para Dune).

En mayo de 2013 se estrenó en Cannes Jodorowsky’s Dune, un documental sobre esta empresa. Un crítico de The Hollywood Reporter dijo tras su visionado que aquel recorrido era más disfrutable que el carnaval de excesos que parece conmemorar.

Si bien Herbert y Jodorowsky continuaron manteniendo una relación cordial, el autor del libro se aseguró de que en adelante su papel como consultor sería indivisible de los derechos cinematográficos.

Tercer intento

dinoEl conocido productor italiano Dino de Laurentiis compró los derechos en 1978. Ya entonces era un peso pesado en la industria e incluso se rumoreaba que tenía contactos en la mafia. Aquella no fue la primera vez que adquiría los derechos de un libro y en general gozaba de buen olfato en lo relativo al cine de género (Barbarella, King Kong, Flash Gordon y Conan, entre otros). Era una persona que se involucraba en los proyectos que financiaba y que tenía claro lo que quería. Suyas son estas palabras:

“El productor es la clave de una película. Mi filosofía es que si una película fracasa es culpa del productor. Él selecciona la historia, el guión, el director, ve las pruebas diarias y aprueba el montaje final. De la misma manera, el productor merece algo de crédito si la película es un éxito.”

La cercanía de Dino a sus producciones no siempre ha sido del agrado de sus directores. “Llegué a odiarlo” dijo John Millius sobre su experiencia dirigiendo Conan El Bárbaro. “Vino al rodaje en España semana tras semana diciendo a todo el mundo que me iba a despedir. E intentó hacerlo. Entonces me planté frente a él y le gruñí. Es un mandamás, no soporto a los mandamases“.

Dino encargó el primer guión al propio Frank Herbert. Sin embargo, el autor se demostró incapaz de resumir su propio libro. Dino y su hija y productora de infantería, Rafaella de Laurentiis, rechazaron el texto de 175 páginas por su escasa proyección audiovisual y tendencia a enredarse en subtramas irrelevantes.

ScottEl éxito de Alien (cuyo guionista inicial ya conocemos) llevó a Dino a fijarse en Ridley Scott, a quien contrató en enero de 1980. Scott quiso contar con el veterano autor de ciencia ficción y guionista Harlan Ellison para el texto, pero este rechazó la oferta. No sería la última vez que un film de Dune se cruza en la vida de Ellison. El director inglés optó por el novelista Rudy Wurlitzer para el guión y a H.R. Giger, con quien ya trabajó en Alien, para el diseño.

La intención de Scott era dividir el film en dos y tomar como referente a la película La batalla de Argel. En esta versión, el personaje de Paul Atreides fue suavizado y dotado de un carácter más voluble y próximo a la figura de un líder político. Los fremen y el Barón Harkonnen también perdieron algo de su fiereza.

Los roces comenzaron con el primer borrador del guión debido a un cambio que enfureció a Frank Herbert. Tal y como recuerda Rudy en un número de Cinema Fantastique: “Llevé un paso más allá lo que siempre me pareció una atracción edipal latente pero fuerte entre Paul y Lady Jessica, su madre. Introduje una escena en la que ambos hacen el amor. Mostraba el acto como un desafío supremo a ciertas fronteras, que hacían a Paul incluso más heroico al romper un tabú”. Esta escena covertía a Alia en la hija-hermana de Paul.

Esa sección del guión fue eliminada del primer borrador del guión, pero los dos siguientes tampoco contentaron al autor del libro. Herbert sentía que simplificaban demasiado su obra. Igualmente, los diseños de tecnología puntera y vanguardista que Scott mostraba a la familia De Laurentiis no fueron bien recibidos, pues querían diferenciar a Dune del tipo de películas de ciencia ficción que se editaban por entonces.

Boceto de gusano creado por Giger para la versión de Scott
Boceto de gusano creado por Giger para la versión de Scott

Siete meses después de su contratación, en septiembre de 1980, los encontronazos acabaron con la retirada de Scott del proyecto, aunque el director achacó su salida a motivos estrictamente personales:

Cuando me fui Rudy ya tenía una destilación decente del libro de Frank Herbert. Pero también me di cuenta de que Dune iba a tomar mucho más tiempo, al menos dos años y medio. Y no tenía corazón para afrontarlo porque mi hermano mayor, Frank, murió repentinamente de cáncer mientras preparaba la película. Y eso me sacó de quicio. Así que le dije a Dino que el guión era suyo.

Dino fue más breve: “Ridley y yo estuvimos en desacuerdo en muchas cosas. Así que se fue.”

Cuarto intento

bergDamos un salto en el tiempo hasta marzo de 2008, cuando un grupo de productores (incluidos los de las series de televisión Frank Herbert’s Dune y Children of Dune) escogieron al director Peter Berg para dirigir una nueva película de Dune bajo el paraguas monetario de Paramount, la productora que adquirió los derechos por cuatro años. Buscaban una adaptación fiel y un oportuno enfoque sobre el agotamiento de los recursos naturales (algo apenas tratado en las adaptaciones de Dune), con un presupuesto de 175 millones de dólares. El hijo de Herbert y Kevin J. Anderson, responsables de las novelas de Dune posteriores a la muerte del autor, figuraban como consultores.

La elección de Berg, cuya película más conocida hasta entonces era Hancock, causó cierto revuelo en la red que el director no pudo ignorar. “La expectación que hay en torno a Dune es comprensible, pero excesiva. Los fans temen que vaya a destruirla. Calma, ¡yo también leí el libro cuando era un chaval!

Si estos comentarios no tranquilizaron a los seguidores, las distintas declaraciones en los medios sobre la película que quería hacer empeoraron el ambiente.

Mi visión de Dune es diferente a la de Lynch y las series de televisión […] La veo como una gran aventura, en la línea de Star Wars, Indiana Jones o El señor de los anillos. Es una notable historia de aventuras […] Hay espiritualidad y misticismo y están las metáforas paralelas sobre el petróleo y la privatización de los recursos, pero al final se trata de un chaval que se convierte en líder. Tiene acción, intrigas y traiciones increíbles. Es shakesperiana en su enfoque y creo que será rompedora […] No sería una película para adultos, sino un cuento de aventuras para mayores de trece años en el que un chico busca vengar a su padre y encuentra su destino por el camino“.

Se encargó del guión Joshua Zetumer y el artista Jock llegó a ilustrar varios diseños:

dune_jockEl primer retraso de la producción vino con la huelga de guionistas. “De no ser por ella ya estaríamos metidos de lleno“, comentó Berg a finales de año.

Sin embargo, Berg abandonó el proyecto en octubre de 2009 para dirigir Battleship. Sus motivos fueron vagos: “Por una serie de razones no era lo adecuado para mí“. El film se quedó sin director por poco tiempo, pues tres meses después, Pierre Morel fue contratado para tomar el relevo. Morel también se confiesa fan del libro y pone al guionista Chase Palmer a modificar el guión de Zetumer para adecuarlo a su visión de Dune. Con aún menos explicaciones, el nuevo director dimite en noviembre. La película se queda sin timonel y los derechos no se renuevan. Paramount da por perdida la adaptación en marzo de 2011. Los productores consideran que han perdido la batalla pero no la guerra y esperan contar con el trabajo de Morel y Palmer si consiguen encauzar una adaptación en un futuro próximo, pero los costes de producción y un Hollywood crecientemente hostil a las superproducciones mantienen el proyecto en el limbo de las intenciones y a día de hoy no se espera su regreso.

Como hemos visto, la aventura de llevar al cine la obra magna de Frank Herbert es dura y con pocas posibilidades de éxito. Muchos lo intentaron y fallaron. Sin embargo, hubo un cineasta que se adentró en lo más profundo de las arenas de Arrakis y regresó con vida, aunque a la manera de Paul Atreides: la inocencia perdida y muchas cicatrices.

Retrocedamos al amanecer de los ochenta. Ridley Scott ha abandonado Dune, Frank Herbert empieza a ver con claridad lo difícil que es llevar su obra al cine y el productor y dueño de los derechos, Dino de Laurentiis, ha gastado demasiado dinero en una película que aún no ha empezado a hacerse. Es más, en su círculo cercano le aconsejan que se olvide de Dune. “No, no olvidemos Dune” protesta Dino, “encontremos una solución. Cuando creo en algo no me rindo”. Así que renueva los derechos próximos a caducar y los amplía a las secuelas, tanto a las escritas como a las venideras.

Frank Herbert y Dino de Laurentiis
Frank Herbert y Dino de Laurentiis

En Marzo de 1981, Frank Herbert escucha en el teléfono la voz de un nervioso Dino de Laurentiis. “Frank, creo que hemos encontrado a nuestro director. Acabo de ver una película maravillosa llamada El hombre elefante, hecha por un gran y joven director, David Lynch”.

“¿David quién?” dice Herbert.

El cineasta que sobrevivió al desierto

David Lynch era una gran promesa en 1981. Sus dos películas, Cabeza borradora y El hombre elefante cosecharon un gran éxito de crítica y era normal que varios productores de Hollywood le sondearan con jugosas ofertas. El ejemplo más conocido fue la proposición de George Lucas para dirigir El Retorno del Jedi. Lynch sabía que tendría que amoldarse a la visión de Lucas, algo que iba contra su naturaleza, pero también que esa película le haría muy rico. Estuvo tentado.

Olvídate de Lucas” dijo Dino de Laurentiis la primera vez que habló con él. “¿Te gustaría hacer Dune?” El fuerte acento italiano confundió a Lynch. “¿June? Creo que no he oído hablar de eso.”

Así recuerda Lynch la llamada: “Dino fue diferente de lo que esperaba, encantador, cálido y muy persuasivo. Hablamos sobre el concepto hasta convencerme de que la novela podía ser adaptada a un film, ¡de todas maneras Dino me hizo una oferta que no podía rechazar!

Lo cierto es que Lynch no había oído hablar del libro, ni siquiera estaba particularmente interesado en la ciencia ficción.

Una vez conseguí el libro, es como cuando oyes una nueva palabra. Empecé a oírla más a menudo. Descubrí que mis amigos lo habían leído y les encantaba. Me tomó cierto tiempo leerlo. De hecho, mi mujer me obligó. No es que me entusiasmara al principio, sobre todo las primeras sesenta páginas. Pero cuanto más leía más me gustaba. Dune tiene un montón de cosas que me gustan. Me dije “Este es un libro que puede ser hecho película”. Me animé mucho con el material y tuve varias reuniones con Dino. Lo cierto es que la principal razón por la que me contrató fue El Hombre Elefante. Él quería una película de ciencia ficción que tratara sobre la gente y no sobre un puñado de máquinas espaciales.

Preparación

David Lynch y Frank Herbert al comienzo del rodaje de Dune

En las fases iniciales, Lynch habló extensamente con Herbert sobre el libro. El director comenzó a trabajar en el guión con sus compañeros de pluma de El Hombre Elefante, Chris DeVore y Eric Bergren. Sin embargo, cuando comenzaron a unir el material surgieron las discrepancias: “A Dino no le gustaba lo que estábamos haciendo. Me vi a mí mismo entre dos visiones diferentes de Dune… estábamos en sincronía en algunas cosas, pero querían ir en diferentes direcciones. Otros aspectos de la novela resultaron más importantes para ellos“. Y así DeVore y Bergren fueron apartados del proyecto, algo que provocó cierta mala sangre entre ellos y Lynch. El director continuó con la escritura en solitario.

Versión primigenia del encuentro del emperador con los navegantes

“Pasé dos años trabajando en el guión. Incluso aunque me mantuve fiel a la novela, el aspecto y el tono de la película son de mi contribución. Adoro el humo, la maquinaria en movimiento, los laberintos sin fin y las tuberías. Todo esto está presente en Dune y pese a ello, el film trata más sobre las personas que sobre pistolas láser, naves espaciales o monstruos mecánicos. Ambos, Herbert y Dino prestaron mucha atención a esto desde el comienzo”.

El sexto borrador de guión, de 135 páginas, recibe luz verde el 9 de diciembre de 1982.

Mientras Lynch pulía el borrador final, Dino y Raffaella comenzaron con el casting. El goteo de nombres comenzó a llegar a la prensa: Freddie Jones de “El Hombre Elefante” como Thufir Hawat, José Ferrer de “Cyrano de Bergerac” como el emperador Padishah, Max Von Sydow de “El Exorcista”… Robert Duvall fue considerado para el Duque Leto, pero Jurgen Prochnow ganó el papel. Lady Jessica tomó algo más de tiempo: “Fue una mujer difícil de encontrar“, dijo Lynch. “Al final nos pusimos de acuerdo con Francesca Annis para el rol, pero aún así teníamos distintas visiones de sus motivaciones y maneras“. Para el sucesor del líder Harkonnen sonó un nombre muy conocido: “El director de casting sugirió a Sting, pero pensé que era demasiado familiar para el público. ¿Quién quiere a una estrella de rock como heredero? Entonces vi Brimstone & Treacle, ¡Dios mío! Tenía verdadera presencia, como Brando en sus primeras películas“. Sting conoció al director en Londres y se interesó de inmediato.

La búsqueda más compleja fue para el protagonista, Paul Atreides. Se visionaron más de cien vídeos de actores desconocidos y de renombre, pero sólo se consideraron de verdad unos diez. Finalmente el papel fue para Kyle MacLachlan (un entusiasta de Dune que leía la novela anualmente desde los catorce años). Para Lynch fue la elección perfecta. “Paul tenía que ser espiritual y su personaje crece durante la película. Madura hasta el liderazgo, y Kyle lo mostró muy bien. También crece su poder físico, su intensidad, en cada escena. Puede que no lo haga como Brando, pero su registro crece continuamente hasta el clímax de la película“.

Rodaje

Dune no tuvo el clásico infierno de rodaje propio de las superproducciones fallidas de los setenta y ochenta, pero el enorme peso de la producción lastró su realización en varios aspectos. La devaluación del peso y la presencia de mucha mano de obra barata llevó el rodaje a México. El encargado del diseño de producción, Tony Masters, pudo construir sets enormes y elaborados por un cuarto de lo que les hubiera costado en Estados Unidos. Estudios Churubsco parecía perfecto. También tuvieron sus dificultades, como una burocracia bizantina, red eléctrica y telefónica erráticas y un smog postapocalíptico. Las cucarachas como perros e infecciones alimentarias no ayudaron.

La fotografía principal comenzó el 30 de Marzo del 83 y continuó por seis meses, un período excepcionalmente largo.

A pesar del ahorro, hablamos de una superproducción en toda regla. El film contó con quince mil extras, se construyeron setenta sets y la pantalla azul más grande de la época. Huelga decir que se rodó en un desierto de verdad: debían hacerlo en las primeras horas de la mañana para evitar desmayos y lipotimias. Si bien Dino tenía ambición con este proyecto, se le acabó yendo de las manos: cuando llevaban varios meses de rodaje, Lynch trabajaba contrarreloj y más allá del presupuesto inicial. Los De Laurentiis le hicieron una oferta que no pudo rechazar: “La situación es sencilla“, le dijo Rafaella en su oficina, “aquí está el guión, aquí el presupuesto y aquí el calendario de los restantes días de rodaje. Por cada día que te salgas del presupuesto, una página será arrancada del guión. Al azar.

Con todo, no se pudo evitar que el presupuesto del film alcanzara los cincuenta millones de dólares (unos ciento diez actuales), una de las películas más caras jamás realizadas hasta entonces.

El guión de Lynch cubría algo más de tres horas de metraje, pero un asesor financiero de Universal recomendó reducir el corte a unas dos horas y cuarto, para poder explotar al máximo el número de proyecciones diarias. Finalmente Dino, Rafaella y Lynch redujeron la película hasta las dos horas y diecisiete minutos, y como resultado “Un montón de material tuvo que irse. Y el resto tuvo que meterse en un triturador de basura y unirlo. En lugar de una escena obtenías una línea narrada con voz en off. No era la manera de hacer las cosas“. Nunca tuvo control sobre el corte final. Lynch recuerda “Había algunos personajes interesantes, pero en conjunto eran tantos que no podías meterlos en una sola película. Si tuvieras una mini-serie de tres o cuatro películas, entonces podrías. ¿Qué les hizo proceder de esa manera? Cuando lo aprietas todo, sólo obtienes la superficie.”

En una proyección previa para ejecutivos del estudio, el director comentó a un periodista invitado: “Me pongo muy nervioso. No sé por qué. Después de todo, ¿qué hay en juego? Sólo unos años de mi vida. Y mi futura carrera. Y las carreras de muchas otras personas. Y muchísimo dinero“.

Fracaso

El director tenía razones para estar preocupado. Cuando se estrenó la película en diciembre de 1984, incomprensible, oscura y desperdicio de dinero fueron de los epítetos más amables que la crítica especializada dedicó al film. El público también reaccionó negativamente. La historia no estaba bien hilada, la oscuridad noir y las cámaras estáticas en las conversaciones daban un aire retro que chocaba en una película de ciencia ficción de las de entonces, y algunos de los efectos especiales eran sorprendentemente malos para un film tan caro (Lynch lamentó en más de una ocasión que la escena de los navegantes plegando el espacio quedara inacabada).

En el crucial primer fin de semana, la película sólo logró recaudar algo más de seis millones de dólares. Un completo desastre.

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El veterano escritor Harlan Ellison (quien rechazó encargarse del guión de la versión de Ridley Scott) tiene otra teoría sobre la mala recepción del film, la cual expuso en su libro sobre crítica cinematográfica Harlan Ellison’s Watching. Ellison cree que estaba condenada antes de que se estrenara en los cines. En Octubre de 1984, el escritor fue contactado por USA Today para escribir una crítica invitada de Dune. La película iba a ser lanzada el 14 de Diciembre de 1984. Supuso que tendría mucho tiempo para hacer un análisis de la película viendo que tenía una relación amistosa tanto con Universal Studios como con Frank Herbert. Pero entonces algo ocurrió en Universal Studios: “Se rumoreó ampliamente en sus círculos que Frank Price, Chairman de MCA/Universal Motion Picture Group y uno de los hombres más importantes de la industria, vio la película en una de sus últimas versiones, y dijo -con la suficiente vehemencia y publicidad como para que las palabras salieran rápidamente bajo la puerta de la sala de visionado y provocaran un miasma en todo Universal- “Esta película es un perro. Va a nacer muerta. Nos vamos a dar un baño con ella. ¡Nadie la va a entender!” (no son las palabras exactas porque no estuve allí, pero el sentido es totalmente fiel. Tuve media docena de verificaciones independientes dentro de la organización MCA“.

La paranoia se apoderó de Universal y los visionados fueron cancelados o aplazados mientras los rumores echaban más gasolina al fuego. Ellison menciona una reunión entre el productor, Dino de Laurentiis, y el dueño de una gran cadena de multicines que no fue nada bien. Algo que se repitió en otro visionado en Nueva York. Como resultado, Universal se puso muy nerviosa y dijo que no habría más visionados para nadie hasta el estreno el catorce de diciembre. El escritor intentó asistir a un visionado a finales de noviembre, pero no se lo permitieron ni acudiendo a sus contactos en la MCA. Ellison recuerda, “Si esto le pasó al crítico de un medio tan importante para Universal como USA Today, ¿se empieza a entender cómo, antes de que la película se estrenara, a la comunidad de críticos de cine se le hizo sentir nerviosa, negativa y sucia sobre Dune?”

La vio en un pase de prensa dos días antes del estreno e irónicamente le dio a la película una de las escasas críticas positivas que obtuvo.

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El estreno de Dune llegó dos años antes de la muerte de Frank Herbert, por lo que finalmente el autor pudo ver su obra magna en la gran pantalla. Pese a la mala recepción general, Herbert estuvo encantado con la película. ”Empieza como lo hace Dune, termina como termina Dune y escucho mis diálogos en ella. ¿Qué más puede desear un escritor? Incluso aunque creo que tiene fallas -me hubiera gustado que Lynch incluyera la escena del banquete-, ¿me gusta? Sí. Me gusta. Y mucho.” Sólo cuando se le ha insistido en alguna entrevista ha mostrado su rechazo a uno de los mayores cambios de la película respecto a su novela: “Tengo mis pegas para la película, claro. Paul es un hombre que juega a ser Dios, no un dios que haga llover“.

En un intento de salvar los muebles tras el fiasco en taquilla, el productor Dino de Laurentiis ofreció a las cadenas de televisión una versión con mayor metraje para hacer más flexible la oferta (emitirla como una mini-serie, por ejemplo). Este nuevo montaje enfureció a Lynch. El director exigió que se eliminara su nombre de los créditos. Usó el seudónimo Alan Smithee como director (habitualmente usado por directores que se desvinculan de sus películas) y Judas Booth para el guionista.

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Para Lynch la experiencia fue negativa, un sentimiento que se mantiene con fuerza aún hoy en día (Universal ha contactado con él en varias ocasiones para trabajar en una edición especial en DVD y él siempre lo ha rechazado).

Mirando atrás, la culpa fue mía. Probablemente no debía haber hecho esa película, pero vi tantas posibilidades para cosas que me encantaban, y esta era la estructura para hacerlas. Había mucho espacio para crear un mundo. Pero tuve indicaciones sólidas de Raffaella y Dino De Laurentiis del tipo de película que esperaban y sabía que no tendría el corte final. La experiencia me dejó una valiosa lección. Aprendí que prefiero no hacer una película a hacerla sin tener el montaje final“.

Cameo de David Lynch en Dune
Cameo de David Lynch en Dune

Pese a que la narrativa que ha llegado a nuestros días nos muestra a David Lynch como un genio atormentado por las cortapisas de los productores, lo cierto es que en aquel entonces él estaba relativamente dentro de esa dinámica. Está claro que el fracaso en taquilla lo destrozó anímicamente, él era aún joven y tenía esperanzas de labrarse una carrera de éxito y los fracasos con películas caras “manchan” a los directores. Fue un golpe muy duro para Lynch después de tres años involucrado en esta producción. Desde entonces no quiere hablar más sobre Dune y describe todo el proceso como una pesadilla. Sin embargo, todo esto parece condicionado por el éxito de la película: poco antes del estreno, cuando aún tenía potencial para ser un bombazo, Lynch dijo estas sorprendentes palabras en una entrevista:

Incluso si no tiene parangón lo emocionante que es ver si tres años y medio de trabajo y cincuenta millones de dólares funcionan, la película se ve bien. Para que veas lo optimista que soy: he firmado con Dino de Laurentiis para una segunda película de “Dune”, si la primera es un éxito. Ya estoy trabajando en el guión.”

Al contrario que los directores nombrados en la entrada anterior, David Lynch sobrevivió a Dune. Pero el proceso y finalmente el fracaso moldearon a la fuerza a aquel joven director aún receptivo a los cantos de sirena de Hollywood. Si Dune hubiera sido un éxito, quizá nos hubiéramos perdido al Lynch personal e independiente de hoy.

vlcsnap-2013-11-03-08h02m25s8¿Fin?

Así parece que acaba la historia de esta película. Un film rechazado por todos, una ruina para sus productores y un trauma para su director. Tiene todas las papeletas para permanecer oculta en las oscuridades de la historia como un mal recuerdo, destino que suelen tener las superproducciones fallidas (¿quién se acordará en treinta años de John Carter de Disney?). Pero algo ocurrió. Los años pasaron y se fue hablando más y más sobre Dune. La crítica fue cambiando su percepción hacia la película y se esperaba con ansia su lanzamiento en DVD. Se la empezó a calificar como película de culto.

¿Cómo es posible?

Pese a que el reducido metraje dejó una película incomprensible, la fama de director genial que Lynch se fue ganando a posteriori y las historias sobre horas de material suprimido dejaron a la gente fantasear con cómo hubiera sido la película completa. Mezclado con el disfrute de las muchas escenas individualmente poderosas que tiene el film, el resultado fue el de una progresiva y poderosa fascinación. También le sucedió, salvando las distancias, algo parecido a Blade Runner: por un lado, la sensibilidad hacia la ciencia ficción en el cine cambió y se abrió a nuevas temáticas. Por otro, el diseño de producción es atemporal. Mientras los futuros estrafalarios de otras películas del género se desfasaban con celeridad, Dune envejeció realmente bien con su mezcla de diseños decimonónicos, naves espaciales cuyos interiores parecían camarotes del Nautilus, destiltrajes que podrían usarse en una adaptación actual y sucios hábitats que se asemejan a una pesadilla steampunk. No es de extrañar que incluso videojuegos modernos de la franquicia no recreen el universo de Herbert sino que pagan por usar la imaginería de una película que está en los albores de su trigésimo aniversario.

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Además, en ocasiones la película usa otro lenguaje y ofrece algo más que batallas con rayos láser y venganzas familiares: momentos de instrospección, reflexión, espiritualidad y pavor a lo desconocido, en los que se nota la mano del director. Un cóctel que hizo de Dune una película única en su género y que también ayudó a que permaneciera en el recuerdo de muchos espectadores.

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Con los años Dune creó una suerte de misterio sobre versiones ocultas y leyendas urbanas sobre ediciones raras de cinco, seis y hasta ocho horas de duración. Tal era el deseo de ver lo que la película sugería, de tirar del hilo con la esperanza de conseguir más. Sin embargo nada de esto tiene fundamento: juntando todo el material (incluso metraje repetido desde distintos ángulos), todo lo rodado no llega a las cinco horas. Lynch quería un corte de algo más de tres horas, y con esa duración en mente escribió el guión. Finalmente la cosa quedó en poco más de dos horas y cuarto. Cuando Dino de Laurentiis ofreció una versión de mayor metraje logró esas tres horas, pero no es de extrañar que Lynch quisiera eliminar su nombre de esta versión: se sustituyó el prólogo de Virginia Madsen por una larga explicación narrada con dibujos y una voz en off sobre el trasfondo de la película, el montaje era horrible, el sonido era malo, la música estaba mezclada sin orden ni concierto, algunas escenas añadidas estaban mal enlazadas y en otras ni siquiera se había coloreado los ojos de los fremen.

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Así que un grupo de fans decidió en 2008 ponerse manos a la obra y montar la mejor y más completa versión de Dune que existe a hasta la fecha utilizando nuevas escenas tanto de la edición de televisión como de las escenas eliminadas del DVD oficial, siempre partiendo de los guiones de Lynch y lo que el director tenía en mente. Incluso completa algún efecto especial no añadido en la versión de televisión, como el mentado color azul de los ojos de los fremen. Dura dos horas y cincuenta y siete minutos, y es lo más cerca que estaremos jamás de ver la película tal y como la quería mostrar su director. La versión en cuestión sólo se puede conseguir por canales no oficiales, y se llama Dune Third Stage Edition.

¿La moraleja de tantos intentos fallidos por llevar a Dune al cine? Dune, la novela, es demasiado amplia y densa como para condensarla en una película. De haberse publicado hoy, los derechos más codiciados serían de televisión, no de cine.

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6 thoughts on “La complicada relación entre Dune y el cine

  1. He leído los libros (casi todos) y he visto la película y las series de TV. La mejor adaptación de las novelas está en las series de TV. La película es maravillosa, la disfruté y la disfruto hoy en día, tras asumir que es imposible condensar el primer libro en un par de horas sin hacer alguna trampa (como la telepatía de las Bene Gesserit). La serie de TV es muy fiel a la novela, y es buena tanto estéticamente como en argumento. ¿ Hacen falta más adaptaciones ? ¿ Queremos que pase como con desafio total ?¿ Por qué no se buscan historias nuevas en lugar de tratar de repetir películas redondas, cuyo remake solo puede ser de penoso a irrelevante ?

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  2. Acabo de ver la película de Lynch por enésima vez y me sigue pareciendo genial. Qué bueno que no fructifero el intento de 2010. Y quién sabe qué tan bueno o malo hubiese sido el Dune de Jodorowsky.
    En espera de la segunda parte de esta buena entrada.

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