FastMail, mi alternativa a Gmail

En el año 2012 Google cerró la que fue una de sus mejores herramientas, y una de mis preferidas: Google Reader. Lo hizo en su apogeo, con una comunidad sólida y entusiasta detrás. Pero un cambio de rumbo de la compañía se lo llevó: Google Reader (junto a Google Buzz, que era su lado social) era uno de los servicios que estorbaban en su plan para vencer a Facebook y dominar el mundo con Google+. Hoy Google+ ha consolidado su fracaso, lo que ha llevado a la compañía a nuevos movimientos erráticos con sus productos.

Afortunadamente esos bandazos ya no me afectan, porque lo que pasó en 2012 me llevó a reconsiderar mi dependencia de Google. Tenía una cuenta de Gmail desde 2004 que era para mí “el correo electrónico“. Como con Google Reader, ni recordaba lo que era usar otra aplicación para eso. Estos servicios se habían convertido en sus genéricos, así que decidí reducir al mínimo mi relación con una compañía para la que no soy un usuario sino un mero proveedor de datos.

En el caso de Gmail, la alternativa con la que me quedé finalmente es FastMail, tras un par de meses de prueba gratuita. Acabo de renovar con ellos. Mi plan es el Enhanced, que ofrece dominio personalizado y 15gb de espacio. Cuesta 40$ al año (unos 35€) o 25$ cada seis meses (unos 21€). Me gusta usar dominio propio para el correo porque me permite cambiar de proveedor sin marear al personal con nuevas direcciones (como antaño con el número de teléfono, es una de las cosas que más te atan a una compañía).

El hecho de que sea un correo de pago ofrece varias ventajas. Como la ausencia de publicidad u otras maneras de monetizar el servicio espiando al usuario. O un funcionamiento impecable e instantáneo, sin importar qué tarea estemos realizando ni con cuantos emails (lo de Fast no es sólo marketing). También ofrecen algunas herramientas para gestionar fácilmente miles de correos que no se suelen ver en servicios gratuitos por lo costosos que son en términos de procesamiento, como la eliminación de correos duplicados o la importación de todo el correo electrónico de otra cuenta manteniendo la organización de carpetas (importación IMAP).

En el caso de la seguridad va bien servido, y soporta distintos tipos de logins, incluida la autenticación en dos pasos o las Yubikeys. La interfaz web no permite tantas florituras como la de Gmail (como fondos personalizados), pero ofrece varias configuraciones e incluye un tema minimalista. El tiempo de respuesta en general es excelente, incluso en acciones masivas de arrastrar y soltar.

El filtrado de spam es por defecto notoriamente inferior al de Gmail, aunque con las opciones de configuración que ofrece se vuelve igual o mejor.

FastMail tiene sendas apps móviles para Android e iOS, y soporte para relojes inteligentes. Todo hay que decirlo, no es más que la web móvil con soporte para integrarla con el resto de apps (adjuntos, “enviar a” etc), pero la web móvil funciona tan bien que parece nativa. Una muestra:

Por supuesto podemos usar cualquier aplicación compatible POP3/IMAP para gestionar el correo y almacenarlo.

Otra cosa que me ha gustado mucho de la relación de FastMail con el móvil y que han introducido recientemente, es la compatibilidad con los estándares CalDav y CardDav. Es decir, puedo sincronizar los contactos y el calendario de mi móvil Android con FastMail en lugar de con Google.

Recientemente también han abierto el código de parte central de su tecnología, JMAP (responsable del Fast del nombre, como se ve en el vídeo).

Tantos años de correos electrónicos guardados me echaban para atrás a la otra de depositarlos en otros servicios. Y a la luz de las polémicas noticias de espionaje masivo de hace unos años, muchos proveedores de correo quisieron apuntarse el tanto de no ser Google. En concreto me tranquilizó de FastMail que sea una empresa australiana que lleva ofreciendo sus servicios desde 1999 (un lustro antes de que naciera Gmail). En 2010 fueron comprados por Opera y llevaron el servicio Opera Mail hasta 2013, cuando Opera prescindió del correo. Así que los empleados de Fastmail recompraron la compañía y ahí siguen, con mejor salud financiera que nunca. Esto es: ni son ningunos novatos ni van a cerrar mañana. Como además sólo se dedican a dar un servicio de correo electrónico premium, no necesitan comerciar con mis datos personales para dominar el mundo. Hacen una cosa y la hacen bastante bien. Al ser una empresa australiana no está sometida a las Patriot Act estadounidenses, aunque sus servidores están en parte alojados en EEUU. Desde hace poco, también tienen servidores en Amsterdam.

Lo mejor es que lo juzguéis vosotros mismos. Ofrecen un mes de prueba gratis.

PD: Hace ya rato que he traspasado el tono de publirreportaje que dice mi señora que tengo cuando hablo de lo que me gusta, pero aún estoy a tiempo de recomendaros otras alternativas que también me resultan muy atractivas: Openmailbox.org y ProtonMail. Ambas incluyen planes gratuitos.

PD2: ¡FastMail lava más blanco!

 

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