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Qué me hizo pasar definitivamente a Firefox

Es una suerte que en estos tiempos dispongamos de Firefox, un navegador independiente y técnicamente entre los punteros. Con todo, cuando hemos estado acostumbrados a Chrome, el cambio de hábito puede hacerse cuesta arriba. Sin embargo, una extensión (oficial de Mozilla) lo ha convertido en mi navegador habitual desde hace varios meses: Multi-Account Containers.

Básicamente permite tener varias pestañas de diferentes sesiones en la misma ventana del navegador. Creamos sesiones a las que asignamos un nombre y color (trabajo, redes sociales, lo que se quiera) y abrimos las webs que queramos en cada sesión, pero en la misma ventana. Sabremos en qué sesión está cada pestaña porque estará resaltada con el color que le hayamos asignado. Incluso podemos obligar a que una determinada página se abra siempre en una determinada sesión: por ejemplo, que Facebook se abra siempre en la sesión “Redes sociales” donde no podrá acceder a las cookies u otros datos de las demás sesiones.

Esto lo he combinado con la disponibilidad permanente de pestañas fijas de la que hablé en una iteración anterior de este blog. Básicamente abro Firefox con un montón de pestañas ancladas, pero sin que ralentice el equipo, puesto que realmente esas pestañas no están abiertas hasta que pulso en ellas:

Puedo tener siempre todas las pestañas y sesiones que use normalmente, juntas (pero diferenciadas) en la misma ventana

Para conseguir que las pestañas se abran a demanda basta con entrar en “about:config” en Firefox (se escribe en la barra de direcciones), buscar “pinned” y hacer doble click al segundo resultado (se marcará como “true”).

La combinación entre los contenedores de pestañas y su apertura a demanda ha hecho que para mí Firefox tenga un potencial y una versatilidad que no puedo encontrar en Chrome ni en ningún otro navegador.

Por supuesto, cada cual tiene sus necesidades y preferencias, pero desde aquí os animo encarecidamente a probar esta configuración.

Gifs que reconstruyen monumentos clásicos

La web de viajes Expedia ha recreado monumentos antiguos en breves y efectivos gifs animados. Por ejemplo, aquí el Partenón griego:

Luo-Li-Rong (escultora)

Una escultura vale más que mil palabras (de su página de facebook).

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Segunda temporada de Breveseñas

Además de una nueva iteración de esta bitácora, a la vuelta de las vacaciones he empezado la segunda temporada de mi humilde canal de youtube dedicado a las reseñas breves de libros. En este caso comento la que fue la primera novela de George R. R. Martin: Muerte de la luz.

Como en nombre del canal avisa, no os voy a quitar mucho tiempo.

Transcripción:

Hola amigos, me llamo Moisés Cabello y hoy les traigo un libro de ficción, La Muerte de la luz de George RR Martin.

Martin es mundialmente conocido en estos tiempos por la serie de televisión de Juego de Tronos, adaptación de sus novelas de fantasía más emblemáticas. Lo que no es tan conocido es que Martin también escribe ciencia ficción, de hecho empezó publicando ciencia ficción. Remontémonos cuarenta años atrás, cuando Martin vio publicada su primera novela, Dying of the light, La muerte de la luz.

Worlon es un planeta en órbita errante que en un tiempo albergó una gran feria de culturas. Ahora está sumergido en un estado de abandono del que nadie se preocupa, pues está cerca de su inexorable muerte alejándose cada año un poco más de la estrella que le dio vida. Un hombre llamado Dirk Tlarien, acude a Worlon para cumplir con una vieja promesa de amor a Gwen Delvano. Es aquí donde comienza todo, ya que los pocos habitantes que quedan en el planeta provienen de istintas culturas que acabarán chocando recíprocamente, entre las cuales la kavalar es la predominante.

En esta primera novela de Martin se notan ecos de Ursula K. Le Guin, Frank Herbert e incluso se pueden vislumbrar precedentes de algunas culturas de Poniente. La muerte de la luz es varias cosas. Es una novela de aventuras, de personajes, de sus relaciones y sus maneras de ver el mundo. Es una novela de descubrimiento, de otras culturas y otras sociedades y de ver la de uno a través de los ojos de otro. También es una novela de melancolía, de obcecación por intentar mantener unas culturas y unas tradiciones en un mundo que se acaba, y de intentar recuperar amores pasados.

Este es un libro que recoge muchos de los temas que la ciencia ficción ha tratado por separado en otras novelas, y tiene un enfoque y una ambición bastante notables para tratarse de una primera novela. También es verdad que ambición e inexperiencia juegan en contra del autor en la segunda mitad, en la que la trama se dispersa diría que demasiado. Pero con sus defectos creo que merece el título de clásico de la ciencia ficción. Por su carácter más centrado en lo social que en la ciencia ficción dura, creo que en estos cuarenta años la novela ha envejecido realmente bien y que sigue siendo una lectura recomendable.

La muerte de la luz, de George RR Martin, traducido por Carlos Gardini y publicado por Gigamesh. Un saludo y hasta el próximo libro.

© 2018 Moisés Cabello

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