Transcripción:

Retrocedamos a final de los años 50. Herbert, que por entonces era periodista, vuela a Oregón para escribir acerca de cómo el departamento de agricultura de los Estados Unidos intenta detener el perenne avance de las dunas plantando poáceas europeas. Durante la escritura del artículo, la mente del incipiente escritor de ciencia ficción que era por entonces no paró de atormentarlo con tentadoras preguntas: ¿Cómo sería un planeta que fuera entermanete desértico? ¿Cómo sería una sociedad en la que escaseara tanto el agua? ¿Qué creencias tendría un pueblo así? Este fue el origen de una de las historias de ciencia ficción más influyentes de la historia.

Arrakis, un planeta desértico donde el agua es el bien más preciado, donde llorar a los muertos es el simbolo de la máxima prodigalidad. Paul Atreides, un adolecente marcado por un destino singular, con extraños poderes, abocado a convertirse en dictador, mesías, martir. Los Harkonnen, la personificación de las intrigas que ordean al imperio y que busca el control de Arrakis. Los fremen, seres libres que han convertido el inhóspito paisaje de Arrakis en su hogar. Orgullosos de su pasado y temerosos de su futuro.

Lo detallado del universo en el que transcurre la historia hizo que en su momento se le considerara El Señor de los Anillos de la ciencia ficción. En particular, la profundidad de la cultura fremen, la relación entre el entorno y sus creencias, cautivaron a los lectores durante décadas hasta el punto de que en su momento llegaron a preguntar a Frank Herbert si estaba intentando crear algún tipo de culto.

Son muchos los temas que Herbert ha compactado en este libro: política, religión, ecología, historia, cultura… Hay alegorías que ya resonaban en la época en que se publicó y que siguen resonando ahora, como la escasez de los recursos naturales o el peligro de los líderes carismáticos. Esta atención a las humanidades logró que Dune fuera muy bien recibida fuera de los círculos habituales de la ciencia ficción, y también es responsable de que haya envejecido razonablemente bien. No tan bien lo ha hecho la edición española, a la que una nueva traducción y corrección le vendría más que bien.

Dune, de Frank Herbert, traducido por Domingo Santos y publicado por DeBolsillo. Un saludo y hasta el próximo libro.